lunes, 16 de enero de 2012

Maltrato

Historia de una vida


Érase una vez una niña nacida en un hogar conflictivo y disfuncional. Los primeros años de su vida su papá le dio mucha atención y hasta la malcriaba. Sin embargo, según fue creciendo comenzó a sentirse sola, abandonada por sus padres, y un motivo de discordia entre ellos. Sentía que la halaban de un lado para el otro y que tenía que hacer todo lo que le dijeran perfectamente bien, o no la aceptarían ni amarían.
Al llegar a la adolescencia anhelaba la compañía de otras jóvenes como ella, pero su madre le decía que las amigas la llevarían a hacer cosas indebidas y que era mejor estar sola. Así adquirió ella la noción equivocada de que no se puede confiar en nadie y que no existen las verdaderas amigas o amigos. Nunca aprendió a relacionarse con ninguno de los dos sexos.
Fue así que aquella joven se acostumbró a no expresar sus sentimientos ni contarle sus penas o sus alegrías a nadie. Aceptó el sufrimiento que le ocasionaba esto, como algo inevitable que no se puede cambiar. Sin embargo, al tratar de cerrarse al dolor que sentía pasándolo por alto, se cerró también a la capacidad de encontrar, recibir y dar verdadero amor.
Fue por la vida dando y haciendo por los demás, pensando que tenía que ganarse el amor y el respeto de ellos e inclusive hasta el de Dios. Su imagen de El era como la que tenía de sus padres: la amaría y aceptaría sólo en la medida en que le complaciera.
Un día aquella mujer ya madura comenzó a despertar. Se dio cuenta de que nunca había experimentado el verdadero amor ni había sido verdaderamente feliz. Lamentablemente, tampoco había dado ese amor ni esa felicidad. Comenzó a buscar el verdadero amor en sus seres queridos pero tampoco pudo encontrarlo, porque estaban tan heridos como ella o aún más. Inclusive cuando trató de relacionarse con ellos de una forma sana, fue rechazada. Experimentó entonces un vacío muy grande y se preguntó "¿adónde iré a buscar el amor que tanto necesito y a darlo?
Entonces se dió cuenta de que el amor y la felicidad siempre estuvieron a su alcance; que tenía un tesoro adentro que nadie podía quitarle. Aquel tesoro era su dignidad de hija de Dios y el amor que Dios le tiene a cada una de sus criaturas.
Al conocer ese amor por primera vez en toda su plenitud, aquella mujer ya no se sintió sola. Comenzó a valorarse como persona y por tanto ya no podía permitir que la humillaran, abandonaran o maltrataran. Supo que merecía mejor trato, respeto y atención. Comprendió también que el motivo por el cual no los estaba recibiendo no se hallaba en ella sino en otras personas. Ellos estaban muy enfermos, y no eran capaces de darle lo que ella necesitaba. No eran siquiera capaces de cuidar de ellos mismos, de una forma sana. A partir de ese punto llegó a la aceptación y comenzó su viaje hacia la paz y la felicidad. Comprendió que éstas no dependen de las circunstancias, sino de una actitud interior.
Ahora cada día es un nuevo descubrimiento, una nueva ocasión de conocer a Dios y a los demás y de amar y ser amada. Por primera vez, se siente contenta y en paz consigo misma.
Nota: La autora de esta pequeña biografía prefiere permanecer en el anonimato.


Testimonio de una esposa


"Mi marido me humilló desde el comienzo de nuestro matrimonio. No me sentía respetada. Me decía que todo lo hacía mal…; era como estar hundida en un pozo. No tenía libertad, vivía coaccionada. Se enfadaba hasta cuando quería estar con mi familia. Acabó con mi dignidad y llegó un momento en que no me valoraba a mí misma como mujer, como persona. Creía que no valía nada; me abandoné, me daba igual mi aspecto. Si tomé la decisión de separarme, lo hice sólo por mi hija, porque decidí que no vería a su madre en una situación tan denigrante. Él nunca me quiso. Pensaba que se había casado con una sirvienta.
"Me gustaría que quedara claro que las faltas de respeto pueden darse en cualquier persona, sea hombre o mujer. No son los hombres los únicos agresores, si bien es cierto que las estadísticas indican que son la gran mayoría. Normalmente se piensa que las personas que sufren estos problemas tienen un nivel cultural bajo, así como problemas económicos. No siempre es así. Tanto mi ex-marido como yo tenemos estudios superiores. Una de las cosas más tristes de este problema es que muchos hombres y mujeres piensan que el trato conyugal debe ser así…, porque nunca han conocido otra cosa."

ESTIMONIO DE MC, de 40 años y con 4 hijos:

"Lo conocí a los 13 años, y desde entonces nos enamoramos. Luego me casé a los 16 porque estaba embarazada. Él ya me pegaba desde que éramos novios pero pensé que si nos casábamos esto iba a cambiar, pero no cambió, siguió pegándome inclusive cuando estaba embarazada.

   Era muy celoso y posesivo, siempre quería que las cosas se hicieran a su manera, sino...golpe. Siempre estaba molesto, me pegaba hasta porque las cosas de los chicos estaban desordenadas, pero yo lo quería tanto que aguantaba. Me pateaba, me estiraba del pelo, me insultaba y lo peor es que lo hacía delante de mis hijos, eso yo no lo podía soportar, porque mis hijos aprendieron a tenerle terror a su padre.

   Lo que más me afectaba era que yo siempre daba, a pesar de todo lo trataba bien, le servía, le complacía, siempre con la esperanza de que él cambiara, pero nada, él seguía con los golpes.

    A veces me amenazaba con irse, "Me voy a ir", me decía y yo tenía miedo de quedarme sola con mis hijos, ¿quién me iba a dar dinero para subsistir? Pero a pesar de todo logramos muchas cosas juntos, compramos nuestro terreno, construimos nuestra casa, y otras cosas.

    Estuve 19 años casada con él, pero un día dije: hasta aquí! Era un sábado y había una fiesta. Él nunca me había sacado para ir a una fiesta, así que yo se lo exigí y fuimos. Estuvo bebiendo, y por un desacuerdo me pegó en frente de sus amigos, me sentí tan humillada que decidí dejarlo.

    Tenía pánico de que me volviera a buscar, tuve que huir con mis hijos a la casa de mis padres. Sentía que no valía nada, yo no lo hice por mí, sino por mis hijos, que son los más importantes. Llegó un momento en el que pensé matarme, porque estaba convencida de que mi muerte no iba a afectar a nadie, y menos a él. Es que lo veía tan por encima de mí! No iba a poder ser capaz de vivir sin él, no me sentía capaz de valerme por mí misma y de sacar a mis hijos adelante por mi propio esfuerzo. Tanto daño me había hecho que me anuló como persona.

    Sin embargo, un día mi hermana me llevó a una asociación de mujeres maltratadas y ahí por primera vez en sentí ayudada y valorada, por primera vez alguien se preocupaba por mis problemas, me ayudaron bastante.

    Ahora estoy demandando a mi esposo para que salga de mi casa. Él quiere que le ceda todo, hasta mi parte de la casa, tuvimos una pelea y me pegó, pero no me dejó huellas y la policía no me creyó, parece que tengo que estar casi moribunda para que me hagan caso. Lo peor es que tengo que vivir en mi casa para que no me la quite, pero tengo tanto miedo que vivo dentro del cuarto de mi hija, para que no me encuentre y no me pegue. La única esperanza es que la fiscal me de esa medida de protección para poderlo echar de mi casa y así, ya no vivir presionada y preocupada como vivo ahora

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